Dublin: Origins

Hoy nos hemos cruzado con una familia española en el 147, uno de nuestros sitios más frecuentados en Dublín (buen café, sitio cuco, mesas para sentarse, cerca de casa…). Habían venido a ver a su hija, de 22 o 23 años (la edad se la contaron a Loida cuando yo me fui a hacer caca al baño), y la historia es de lo más familiar: la chica se vino de Madrid a trabajar de au pair (canguro, babysitter) con una familia irlandesa. Lleva pocos meses y en breve va a Madrid a pasar las navidades con los suyos. El padre ha felicitado varias veces a su niña, que qué bien lo está haciendo, que es una campeona viviendo sola, you know the drill. Nos han preguntado que si echamos de menos España, el tiempo, la comida… Les hemos dicho de ir a la fábrica de Guinness y que a ver si tienen suerte y no les llovía (no la han tenido). Es la historia de taaaaaaanta gente. Ha tenido un puntito de ternura recordar los inicios en Dublín. Yo empecé fregando platos en el aeropuerto. Cuando era la mitad de lo que es hoy. Cuando yo tenía 23 años. Cuando tenía la mochila cargada de sueños…

PD. El detalle del baño y la caca no era solo para producir desasosiego, es que el baño del 147 tiene un mural peliculero que mola mucho. Os dejo la foto encabezando el post. La foto del mural. No de la caca.

 

Gisela de OT en Dublín, dándolo todo

Esta semana me toca turno de noche en  mi querido trabajo. Esto implica entrar al laburo a las once de la noche de un día y salir del edificio a las siete y media de la mañana del día siguiente. Una cosa bastante loca. Sigo aguantando el tirón porque yo, al igual que Tom Cruise, viviré por siempre. Pero no puedo negar que cada vez es más duro. Es por ello-oye que recurro a ayudas como capsulitas mágicas de Reese´s Pieces, tazas de café non-stop, latas de Monster y similares… y podcasts. Anoche escuché el de Viruete sobre la primera edición de OT y cayeron bastantes risas y recuerdos… además de un descubrimiento. Dijo Viruete que Gisela se había metido a youtuber y cuál ha sido mi sorpresa al descubrir que, no solo es que esté la tipa dándolo todo con la cámara, es que hace poco estuvo en Dublín y alrededores y se cascó dos vídeos relatando la experiencia. Son bien curiosos y aquí os los dejo (de todas las celebrities que han estado en Dublín, os dejo la experiencia de Gisela, gozad):


Lo peor de Dublín: La hija de los filipinos

Nota previa: Escribí esto en mi trabajo (teclado extranjero), no pienso corregir las faltas de ortografía, esa labor me llevaría 52 años y prefiero recuperar ya nuestro blog dublinés

El otro dia preguntaba en Twitter si odiar a una nina pequeña es malo. Supongo que es malo, y lo siento, pero lo cierto es que esta nina nos esta dando motivos de sobra para sospechar que es la reencarnacion de Maculay Culkin en “El buen hijo”. Venga, vale, no es tan mala… ES PEOR.

La nina, cuyo nombre desconocemos y a la que llamaramos LA NINA DE LOS FILIPINOS, porque es la hija de un matrimonio de filipinos (la raza, no las galletas), se comporta como un torete humano. No habla, no mira, no se relaciona. Solo grita como una loca, como un gorrinillo salvaje, y corre por los pasillos como el demonio de Tasmania, en molinillo. Loida y yo hemos perdido la cuenta de mananas que nos ha despertado LA PUTA NINA corriendo por el pasillo. CORRE COMO UNA LOCA. A LAS 8 y 9 DE LA MANANA. El pasillo de entrada del portal pasa directamente por la puerta de nuestro piso, por lo que oimos solo la puerta del portal abriendose y cerrandose (generalmente de un portazo, a pesar del gran cartel de “PLEASE CLOSE DOOR GENTLY” de la puerta). Los portazos se pueden entender, la gente va con prisa, se han pasado media hora mirándose al espejo y colocándose bien el pelito y ahora van tarde, whatever. Pero una nina corriendo como si eso fuera el parque, no, oiga, PERO QUE MIERDA ES ESTA?!

La nina, al igual que sus padres, es un autentico enigma. Cuando te ve por el pasillo no te saluda, o sonríe, o agacha la cabeza timida, simplemente te mira, inmutable, mirada sostenida, podría ser un maldito ciborg filipino. Ciborgs filipinos, son ellos los que nos darán pasaporte y no los zombis. Pero es que los padres son tres cuartos de lo mismo, ni un hola, ni unos chascarrillos, son de no saludar ni relacionarse. Producen desconfianza y ganas de mudarse. Loida y yo tenemos claro que esa nina no es normal (con 3-4 anos no es normal que no la hayamos escuchado JAMAS hablando, solo se comunica por gritos de gorrino) y que la culpa es de los padres.

Aparte de las carreras por el pasillo (que no son las típicas carreras-juegos de un ni;o, son una cosa como en las Olimpiadas, como si a la nina la hubiese poseído el espíritu dopado de Ben Johnson), es su absoluta falta de educación, de situarse en el espacio. El otro dia estaba en el pasillo,m Loida y yo entramos a nuestro piso y la nina del demonio ENTRO SIN MEDIAR PALABRA en nuestro piso y cogio a nuestra Jabuguita como si fuera el T-1000 y el cerdo de peluche fuese John Connor. Es como si estuviera programada para eso. Repito: ni una sonrisa, ni una carrera, ni una mirada retadora y traviesa a lo niño cuando quiere jugar contigo, que no, que no, que ENTRO EN NUESTRA CASA COMO GORRINO POR SU CASA y tuvo que llegar la madre a quitarle el cerdo de las manos. Intente hacer “conversación” en plan “She likes the pig” (en lugar del mucho mas violento “She IS a pig”) pero la madre de la nina NO DIJO NI MU. Bueno, si, dijo una vez “sorry” y se fue de allí sin mediar palabra. PERO QUE MIERDA ES ESTA?!

Yo no soy la persona mas sociable del mundo (understatement of the year) pero las nociones básicas de comportamiento con vecinos las conozco. Tu hija pequeña se cuela en el piso del vecino (porque la has educado de puta pena y tu hija desconoce lo que es una propiedad privada, o es que considera nuestro piso parte de su pasillo-parque de recreo?), tienes que entrar a por ella y disculparte, si, pero que tal hacer un poco de “small talk” para dulcificar un poco la tensión? Que tal decir el típico “la nina es muy traviesa, todo lo que ve lo quiere” o “dada su naturaleza, esta muy interesada en los otros cerdos”? Nada, nada, ella viene, coge a la nina y se las pira… De verdad que Loida y yo nos quedamos a cuadros. Adoptamos forma de perros jugando al póker. Este es el nivel de realidad al que nos esta llevando la nina filipina y torete.

Hemos pensado en colocar un alambre invisible de nuestra puerta a la pared, para que cuando la nina salga despedida corriendo en cuanto su madre abra la puerta, ZAS! Trompazo al suelo del toro. Seria demasiado cruel, si, como criarse sin recibir una educación de tus padres. Lo mas curioso de todo esto es que justo en frente de casa, a escasos segundos del portal, hay UN PARQUE LA MAR DE HERMOSO. Pero toda la familia debe sufrir fotofobia de esa, porque la madre y la hija JAMAS TRASPASAN LA FRONTERA DEL PORTAL, de hecho, se quedan en el pasillo, en los escalones que suben a las plantas de arriba, como si fuera indigentes. Indigentes de su propio edificio, la película. Pero que clase de orden social filipino es este?!

Hemos tenido vecinos raros y ruidosos, y los seguimos teniendo (el de abajo toca la guitarra y la de arriba el piano) pero lo de una nina pequeña que nos despierte como si fuera un gallo mezclado con un toro es algo inaudito. No sabeis lo que es despertarse una o dos horas antes de tu hora con los GRITOS DESAFORADOS y las CARRERAS POSEIDAS de una nina absolutamente loca. Las ganas de salir al pasillo y darle un puñetazo son riquísimas, muy altas, muy a pedir de boca. No podemos mas con la nina.

Queremos que deje de gritar. Queremos que deje de correr. Si ya ha comenzado la invasión filipina y estais leyendo esto, vosotros sois la resistencia.

Los knackers y los borrachos de Dublín, el grotesco diario

2212 - Caricatura de un knacker irlandes
Caricatura del knacker irlandés tipo sacada de este post que merece la pena: http://www.eurowon.com/2013/04/knackers-gitanos-irlandeses.html

Una cosa que me da asco de Dublín es la cantidad de borrachos que pululan por las calles. ¿Otra cosa que me da asco? La cantidad de knackers que pululan por las calles. Los knackers son los jinchos, los quinquis; el grupo de malotes chandalistas que, hediondos a alcohol, empapuzados en lúpulo como trasuntos humanos de bizcochos borrachos, salen de casa con el único objetivo de zaherir y trapichear.

Están por todas partes. En los tranvías, en el mercado, comportándose sospechosamente en las bibliotecas. En las colas del Starbucks. En todas partes, insertados en la sociedad, grapados al día a día de la ciudad como la mantequilla al pan o ese tirar de la cadena que sucede a una buena caca. Los borrachos y los knackers forman parte del decorado dublinés. A todas horas, además. Inasequibles al desaliento. A la hora del té, al alba, cuando juega el Manchester United. Tambaleándose forever. Son seres de alcohol y oscuridad. Lo peor de la ciudad. (Lo del nuevo logo para promover el turismo está muy bien pero, ¿qué tal lo de rehabilitar personas? Venga, un saludo)

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Los borrachos son fáciles de identificar: esas peonzas humanas cuyo giro gravitatorio está impulsado por el lúpulo y/o la ginebra. Las fábricas de Guinness y Jameson, no demasiado alejadas del centro de Dublín, hacen de Meca particular. Los knackers, sin embargo, merecen alguna explicación. Muchos españoles se refieren a ellos como “zombis” y, pese a que no se agolpan a la salida de nuestra casa, trepándose los unos a los otros, con el ánimo de comernos y excretarnos, los parecidos son más que evidentes. Empecemos por el look. El ojo menos experimentado encontraría serios problemas para distinguir a un knacker de un muerto viviente. Su higiene personal es extraordinariamente similar. Su estilo vistiendo, ídem de ídem. Y es que el knacker es ajeno a las modas, su ropa siempre es chandalista, zarrapastrosa, resuelta en capas. Son como una version extrema del Chusky de Periodistas. Se peinan raro, con el pelo prensado sobre la cabeza gracias a una extraña resina, una goma de caucho que, a lo lamido de vaca, lo fija al cráneo ya para siempre. Una gomina que atraviesa oceános de tiempo. La laca eterna. Tienen el flequillo a lo paleto, en espigas, a lo Kentucky Fried Chicken. Sus dientes suelen ir de negro, cuando están.

Pero ahí no acaban los parecidos. Al igual que los zombis, los knackers forman ya parte de otra realidad. Otra sociedad. Una especie de Sociedad 2 con la que no hablamos. Como si no fueran de este mundo. Al knacker, como al zombi, se le esquiva. Se le ve venir y se le gambetea, se le aplica el noble arte del regate. Los knackers son otra sociedad dentro de la sociedad y no hay nexo de unión posible, solo se relacionan entre ellos, generalmente de dos formas:

  1. A grito pelao en vibrantes discusiones de pareja que generan extraordinarias ruletas de cuello, Linda Blair style, de los asombrados turistas, Welcome to the party, pal!
  2. Teniendo hijos y más hijos. Esta gente se reproduce como conejos. Aunque reciben más ayudas oficiales por esto que los conejos. Los carritos de bebés les sirven además de bolsas de la compra. Los bebés no sé de qué les valen. Ver a un knacker haciéndole carantoñas a su bebé es un ejercicio dantesco.

Detenerse ante ellos, considerarlos, es como pararse a hablar ante un gorrión o una estatua, algo impensable (salvo que vayas borracho perdido y te pongas a hablar con la de James Joyce, charla pétrea y rocosa de la que no descarto que se pudieran sacar varias conclusiones). Además, este diálogo no es aconsejable. Cuanto veas a un knacker y/o borracho venir a lo lejos, con su mirada torva y andares patizambos, trazando una imaginaria directa entre su caminar trompado y el fin de tu vida, lo mejor es el escorzo. La torsión. Un Keanu Reeves en bullet time. Hemos creado una sociedad (una Sociedad 1) en la que nos resultan menos molestos los que han dimitido (los vagabundos) que los que lo intentan por vías alternativas (los knackers).

¿De dónde vienen los knackers? No llegaron aquí por generación espontánea. No se abrió alguien una lata de Heineken y salieron de un largo letargo en plan tripulación de nave espacial en Alien, no. Los knackers vienen, tal y como explican estupendamente en este post, de las familias de vendedores ambulantes que (de)ambulaban por Irlanda. El que dice vender dice trapichear, delinquir, etcétera (¿¿serían también knackers los feriantes de aquel episodio de Los Simpson??). Estas familias se asentaron en zonas que no son muy recomendables para los turistas. Ni para los turistas ni para los que sientan aprecio por la vida. Por ejemplo, Tallagh. Esta parte de Dublín está llena de gente con pocos recursos, pocos trabajos y muchas ganas de acabar con tu vida. Quizá solo es ese miedo al extraño que también rige en Sociedad 1. Pero regir, rige. Riga, capital de Letonia. Ronald Reagan.

Atentos a las definiciones de knacker que obtenemos de internet, una auténtica monada: “a person whose business is the disposal of dead or unwanted animals, especially those whose flesh is not fit for human consumption”. O sea, una persona cuyo negocio es deshacerse de los animales muertos, especialmente aquellos cuya carne no es comestible por el ser humano. Dios mío, qué asco. Veamos la segunda acepción: “testicles”, o sea, testículos. Esto también es asqueroso, al ir estos contenidos en una bolsa vieja, de carne arrugada. Pero veamos la tercera acepción: “an uncouth or loutish person”. O sea, una persona basta, sucia, zafia, ordinaria, rústica o tosca. Lo mejor de cada casa. A breath of fresh air.