Los knackers y los borrachos de Dublín, el grotesco diario

2212 - Caricatura de un knacker irlandes
Caricatura del knacker irlandés tipo sacada de este post que merece la pena: http://www.eurowon.com/2013/04/knackers-gitanos-irlandeses.html

Una cosa que me da asco de Dublín es la cantidad de borrachos que pululan por las calles. ¿Otra cosa que me da asco? La cantidad de knackers que pululan por las calles. Los knackers son los jinchos, los quinquis; el grupo de malotes chandalistas que, hediondos a alcohol, empapuzados en lúpulo como trasuntos humanos de bizcochos borrachos, salen de casa con el único objetivo de zaherir y trapichear.

Están por todas partes. En los tranvías, en el mercado, comportándose sospechosamente en las bibliotecas. En las colas del Starbucks. En todas partes, insertados en la sociedad, grapados al día a día de la ciudad como la mantequilla al pan o ese tirar de la cadena que sucede a una buena caca. Los borrachos y los knackers forman parte del decorado dublinés. A todas horas, además. Inasequibles al desaliento. A la hora del té, al alba, cuando juega el Manchester United. Tambaleándose forever. Son seres de alcohol y oscuridad. Lo peor de la ciudad. (Lo del nuevo logo para promover el turismo está muy bien pero, ¿qué tal lo de rehabilitar personas? Venga, un saludo)

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Los borrachos son fáciles de identificar: esas peonzas humanas cuyo giro gravitatorio está impulsado por el lúpulo y/o la ginebra. Las fábricas de Guinness y Jameson, no demasiado alejadas del centro de Dublín, hacen de Meca particular. Los knackers, sin embargo, merecen alguna explicación. Muchos españoles se refieren a ellos como “zombis” y, pese a que no se agolpan a la salida de nuestra casa, trepándose los unos a los otros, con el ánimo de comernos y excretarnos, los parecidos son más que evidentes. Empecemos por el look. El ojo menos experimentado encontraría serios problemas para distinguir a un knacker de un muerto viviente. Su higiene personal es extraordinariamente similar. Su estilo vistiendo, ídem de ídem. Y es que el knacker es ajeno a las modas, su ropa siempre es chandalista, zarrapastrosa, resuelta en capas. Son como una version extrema del Chusky de Periodistas. Se peinan raro, con el pelo prensado sobre la cabeza gracias a una extraña resina, una goma de caucho que, a lo lamido de vaca, lo fija al cráneo ya para siempre. Una gomina que atraviesa oceános de tiempo. La laca eterna. Tienen el flequillo a lo paleto, en espigas, a lo Kentucky Fried Chicken. Sus dientes suelen ir de negro, cuando están.

Pero ahí no acaban los parecidos. Al igual que los zombis, los knackers forman ya parte de otra realidad. Otra sociedad. Una especie de Sociedad 2 con la que no hablamos. Como si no fueran de este mundo. Al knacker, como al zombi, se le esquiva. Se le ve venir y se le gambetea, se le aplica el noble arte del regate. Los knackers son otra sociedad dentro de la sociedad y no hay nexo de unión posible, solo se relacionan entre ellos, generalmente de dos formas:

  1. A grito pelao en vibrantes discusiones de pareja que generan extraordinarias ruletas de cuello, Linda Blair style, de los asombrados turistas, Welcome to the party, pal!
  2. Teniendo hijos y más hijos. Esta gente se reproduce como conejos. Aunque reciben más ayudas oficiales por esto que los conejos. Los carritos de bebés les sirven además de bolsas de la compra. Los bebés no sé de qué les valen. Ver a un knacker haciéndole carantoñas a su bebé es un ejercicio dantesco.

Detenerse ante ellos, considerarlos, es como pararse a hablar ante un gorrión o una estatua, algo impensable (salvo que vayas borracho perdido y te pongas a hablar con la de James Joyce, charla pétrea y rocosa de la que no descarto que se pudieran sacar varias conclusiones). Además, este diálogo no es aconsejable. Cuanto veas a un knacker y/o borracho venir a lo lejos, con su mirada torva y andares patizambos, trazando una imaginaria directa entre su caminar trompado y el fin de tu vida, lo mejor es el escorzo. La torsión. Un Keanu Reeves en bullet time. Hemos creado una sociedad (una Sociedad 1) en la que nos resultan menos molestos los que han dimitido (los vagabundos) que los que lo intentan por vías alternativas (los knackers).

¿De dónde vienen los knackers? No llegaron aquí por generación espontánea. No se abrió alguien una lata de Heineken y salieron de un largo letargo en plan tripulación de nave espacial en Alien, no. Los knackers vienen, tal y como explican estupendamente en este post, de las familias de vendedores ambulantes que (de)ambulaban por Irlanda. El que dice vender dice trapichear, delinquir, etcétera (¿¿serían también knackers los feriantes de aquel episodio de Los Simpson??). Estas familias se asentaron en zonas que no son muy recomendables para los turistas. Ni para los turistas ni para los que sientan aprecio por la vida. Por ejemplo, Tallagh. Esta parte de Dublín está llena de gente con pocos recursos, pocos trabajos y muchas ganas de acabar con tu vida. Quizá solo es ese miedo al extraño que también rige en Sociedad 1. Pero regir, rige. Riga, capital de Letonia. Ronald Reagan.

Atentos a las definiciones de knacker que obtenemos de internet, una auténtica monada: “a person whose business is the disposal of dead or unwanted animals, especially those whose flesh is not fit for human consumption”. O sea, una persona cuyo negocio es deshacerse de los animales muertos, especialmente aquellos cuya carne no es comestible por el ser humano. Dios mío, qué asco. Veamos la segunda acepción: “testicles”, o sea, testículos. Esto también es asqueroso, al ir estos contenidos en una bolsa vieja, de carne arrugada. Pero veamos la tercera acepción: “an uncouth or loutish person”. O sea, una persona basta, sucia, zafia, ordinaria, rústica o tosca. Lo mejor de cada casa. A breath of fresh air.

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Autor: JR DEL ROSAL

Superhombre.

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